“Si el Señor no edifica la casa, de nada sirve que los edificadores se esfuercen.
Si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que los guardias la vigilen”. Salmos 127:1
Estas palabras señalan la necesidad e importancia de la acción de Dios en nuestras acciones, sintetizadas en la edificación y el cuidado. Cuánto empeño ponemos en construir nuestra casa y en fijarnos en cada detalle. A la vez atendemos “las otras casas”, especialmente la familia, recurriendo a profesionales para corregir desvíos y reencauzar la edificación. El Salmista advierte dos puntos: a) no hay construcción sana sin su presencia, b) nuestros esfuerzos son inútiles si edificamos sin Él. Estamos comprometidos con el cuidado y la edificación sana de la familia, y Dios es el más comprometido. También nuestra ciudad requiere oración y cuidado para un ambiente sano.
Dios: perdónanos las veces que no te damos lugar en la edificación y cuidado de nuestra casa y ciudad. Anímanos a comprometernos en el cuidado de nuestros lugares. Amén.
